PUERTOS “SEGUROS”: CUANDO EL RELATO CHOCA CON LA REALIDAD EN SANTA CRUZ

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La restitución de una boya tras más de tres años fuera de servicio en el Puerto Caleta Paula y la caída prolongada de la baliza en el Puerto Deseado exponen una realidad que contradice el discurso oficial: la seguridad portuaria en Santa Cruz sigue marcada por la demora, la falta de control y el abandono estructural.

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En Santa Cruz, el discurso oficial insiste en instalar una idea de orden y seguridad bajo consignas como “Puertos Seguros” o que “El gobierno no le da la espalda al Mar”. Sin embargo, cuando se observa lo que ocurre en la operatoria real, en los accesos portuarios y en las condiciones de navegación, la distancia entre lo que se dice y lo que efectivamente sucede resulta cada vez más evidente.

Un ejemplo concreto es lo ocurrido en el Puerto Caleta Paula, donde recientemente se anunció la restitución de una boya de señalización en el canal de ingreso. La medida fue presentada como un avance en materia de infraestructura y seguridad, pero el propio reconocimiento oficial deja al descubierto un dato que no puede pasarse por alto, esa estructura esencial estuvo fuera de servicio durante más de tres años. Durante todo ese tiempo, el acceso al puerto se realizó sin señalización completa, en condiciones que distan de cualquier estándar mínimo de seguridad.

No se trata de un detalle técnico ni de una situación menor. La señalización de un canal de acceso es un elemento básico para la navegación segura, especialmente en maniobras de ingreso y egreso de buques. Su ausencia prolongada no solo expone fallas en el mantenimiento de la infraestructura, sino también una preocupante falta de reacción por parte de los organismos responsables. En este contexto, la restitución tardía de la boya no puede interpretarse como un logro de gestión, sino como la confirmación de un problema que se sostuvo durante años sin solución.

Lejos de tratarse de un caso aislado, la situación se repite en otros puntos de la provincia. En el ingreso al Puerto Deseado, la baliza Magallanes lleva cerca de un año fuera de servicio, generando condiciones de mayor riesgo para la navegación, particularmente en operaciones nocturnas. A pesar de la importancia de este punto de referencia, hasta el momento no se han registrado avances concretos para su restitución, lo que refuerza la idea de una problemática estructural y no circunstancial.

En este escenario, también resulta inevitable interrogar el rol de los organismos de control. La ausencia prolongada de elementos esenciales de señalización plantea interrogantes sobre la intervención de la Prefectura Naval Argentina, cuya función es precisamente garantizar la seguridad de la navegación y el cumplimiento de las condiciones operativas. Cuando estas situaciones se extienden en el tiempo sin correcciones, el problema deja de ser exclusivamente técnico para convertirse en una cuestión de control y responsabilidad institucional.

Mientras tanto, la actividad portuaria continúa. Los buques ingresan y egresan, y los trabajadores sostienen la operatoria en condiciones que muchas veces dependen más de la experiencia que de un sistema adecuadamente garantizado. Marineros, estibadores y operarios portuarios siguen siendo quienes asumen, en los hechos, las consecuencias de estas falencias, en un contexto donde la seguridad debería ser una prioridad y no una variable sujeta a demoras.

La reiteración de estos episodios permite advertir un patrón que excede casos puntuales. La falta de mantenimiento, la demora en las respuestas y la ausencia de controles efectivos configuran un escenario que contrasta con el discurso oficial. En ese sentido, la insistencia en consignas como “Puertos Seguros” pierde sustento frente a una realidad que demuestra que las condiciones básicas de seguridad no siempre están garantizadas.

En definitiva, lo ocurrido en el Puerto Caleta Paula y lo que aún sucede en el Puerto Deseado no son hechos aislados, sino expresiones de una misma problemática. La seguridad portuaria no puede depender de anuncios ni de intervenciones tardías, sino de políticas sostenidas, control efectivo y mantenimiento permanente.

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