PUERTO DESEADO AL LÍMITE: COLAPSO SANITARIO, ÉXODO DE PROFESIONALES Y UN GOBIERNO PROVINCIAL AUSENTE

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Sin tomógrafo, sin especialistas y con obras sociales quebradas, la salud pública en Santa Cruz se sostiene sobre el sacrificio de los trabajadores mientras el gobierno de Claudio Vidal y la ministra Lorena Ross acumulan silencio, improvisación y abandono.

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La crisis sanitaria en Puerto Deseado dejó de ser una advertencia para convertirse en una realidad concreta, el sistema de salud está colapsando y el Estado provincial, bajo la gestión de Claudio Vidal, no logra dar respuestas estructurales a una situación que ya impacta directamente en la vida cotidiana de la población.

Lo que ocurre en esta localidad no es un hecho aislado. Es la expresión más cruda de un problema que atraviesa a toda la provincia de Santa Cruz, un sistema de salud fragmentado, desfinanciado y sin conducción efectiva por parte del Ministerio de Salud, encabezado por María Lorena Ross.

UN HOSPITAL SIN RESPUESTAS BÁSICAS

En Puerto Deseado, la situación es crítica. El hospital local no cuenta con acceso a estudios esenciales: el tomógrafo permanece fuera de servicio desde hace meses por la rotura de un componente clave, y la alternativa privada dejó de atender afiliados de la Caja de Servicios Sociales por falta de pago.

El resultado es inmediato, pacientes obligados a trasladarse a otras localidades como Caleta Olivia para realizarse estudios básicos, en un contexto donde tampoco están garantizadas prestaciones de laboratorio.

A esto se suman denuncias por falta de insumos elementales —desde material médico hasta cuestiones básicas como toallas—, lo que refleja un deterioro profundo en las condiciones de funcionamiento del hospital.

MÉDICOS QUE SE VAN, UN SISTEMA QUE SE VACÍA

El problema más grave, sin embargo, es la pérdida sostenida de profesionales.

Médicos de distintas especialidades —clínicos, pediatras, psiquiatras, traumatólogos— se ven obligados a trasladarse a otras localidades para complementar ingresos ante la falta de recomposición salarial. Este esquema de “itinerancias” deja al hospital sin cobertura durante días enteros.

Los testimonios son contundentes, servicios completos quedan desatendidos, turnos que no se consiguen, y una comunidad que pierde acceso a la atención en su propia ciudad.

Pero el fenómeno va más allá, ya no se trata solo de traslados temporales, sino de un proceso de emigración definitiva. Profesionales que abandonan la provincia ante la falta de condiciones laborales, profundizando el vaciamiento del sistema sanitario.

UNA GESTIÓN SIN COORDINACIÓN NI RESPUESTA

La responsabilidad política es ineludible. La actual ministra de Salud la Dra. Lorena Ross no ha logrado articular un esquema provincial que garantice cobertura equitativa ni coordinar eficazmente con los hospitales regionales.

Incluso dentro del propio sistema, los trabajadores reconocen mecanismos de cooperación informal entre hospitales —como rotaciones solidarias entre localidades— que intentan sostener lo que la política pública no logra organizar.

Esto expone una ausencia clara de planificación sanitaria y una dependencia creciente del esfuerzo individual de los trabajadores.

OBRAS SOCIALES EN CRISIS Y MÁS PRESIÓN SOBRE EL SISTEMA PÚBLICO

El colapso no se explica solo por la gestión hospitalaria. La crisis de las obras sociales, particularmente en el sector marítimo y pesquero, agrava el escenario.

La obra social OSPM arrastra un déficit millonario, deudas con prestadores y serias deficiencias en la cobertura. La falta de medicamentos, la interrupción de servicios y la caída de convenios obligan a miles de trabajadores a recurrir al sistema público.

Esto genera una presión adicional sobre hospitales que ya operan al límite.

A su vez, sectores laborales precarizados —como trabajadores de cooperativas o contratos eventuales en plantas pesqueras— directamente quedan fuera de una cobertura efectiva, profundizando la desigualdad en el acceso a la salud.

DESCONTENTO SOCIAL Y DESGASTE POLÍTICO

El malestar social es evidente. Los reclamos de la comunidad apuntan tanto a la falta de gestión actual como a una crisis estructural que lleva años, pero que hoy muestra su punto más crítico.

Turnos que se consiguen de madrugada, meses de espera para especialidades, profesionales que se van, y un Estado que no logra garantizar lo mínimo, acceso a la salud.

A esto se suma una percepción creciente de abandono en áreas clave como salud, educación y servicios básicos, lo que alimenta un clima de frustración y pérdida de confianza en la dirigencia política.

UN MODELO QUE HACE AGUA

Lo que ocurre en Puerto Deseado no es un accidente ni una excepción: es el resultado de un modelo de gestión que no prioriza la salud pública ni genera condiciones para sostener a sus trabajadores.

Mientras se anuncian inversiones que no se reflejan en la realidad cotidiana, el sistema se sostiene cada vez más en el sacrificio individual de médicos, enfermeros y personal de salud.

La consecuencia es clara: una comunidad desprotegida y un sistema que, lejos de fortalecerse, sigue deteriorándose.

La pregunta ya no es qué está pasando, sino hasta cuándo.

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