Combustible por las nubes y salarios bajo presión: la pesca vuelve a descargar la crisis sobre los trabajadores

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Desde la cámara empresaria aseguran que el negocio “no soporta” el incremento del 26% solicitado por el SUPA. El viernes será un día determinante para definir si el langostino fresco entra finalmente a las plantas de procesamiento.

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La nueva suba del combustible volvió a encender las alarmas en el sector pesquero patagónico y reabrió una discusión que, cada vez que la actividad entra en tensión económica, termina apuntando al mismo lugar: el salario de los trabajadores.

Mientras las cámaras empresarias advierten sobre el incremento de costos operativos y sostienen que la actividad “no puede absorber más aumentos”, desde el Sindicato Unidos Portuarios Argentinos (SUPA) remarcan que el reclamo salarial no responde a un capricho ni a posiciones desmedidas, sino a una realidad económica que golpea diariamente el bolsillo de los trabajadores portuarios.

El planteo del SUPA busca actualizar jornales y salarios en función del proceso inflacionario acumulado y del deterioro constante del poder adquisitivo. En un escenario donde los aumentos del combustible, alimentos, alquileres y servicios no se detienen, los trabajadores sostienen que resulta imposible continuar con ingresos atrasados frente al Índice de Precios al Consumidor (IPC) y el costo real de vida en la Patagonia.

Sin embargo, otra vez el discurso empresarial intenta instalar que los reclamos laborales son el principal problema de la actividad, mientras poco se discute sobre la estructura general del negocio pesquero, los beneficios históricos recibidos por el sector, la concentración económica o la falta de planificación de políticas públicas que protejan tanto la producción como el empleo.

La situación expone una contradicción evidente, cuando sube el combustible, aumentan los insumos o cae el mercado internacional, rápidamente aparecen pedidos de asistencia estatal, alivios fiscales y reducción de costos laborales. Pero cuando los trabajadores exigen recomposición salarial para no quedar por debajo de la línea inflacionaria, los reclamos son presentados como un obstáculo para la actividad.

Desde el ámbito portuario sostienen que los jornales no pueden seguir congelados mientras todo el sistema económico aumenta mes a mes. El reclamo del SUPA apunta precisamente a corregir ese atraso y defender condiciones mínimas de dignidad laboral frente a un contexto económico cada vez más agresivo.

En los puertos patagónicos crece además la preocupación por el impacto social que puede generar una nueva paralización parcial de la actividad. La pesca no solo mueve exportaciones millonarias, detrás de cada descarga hay familias, estibadores, fileteros, transportistas, trabajadores de planta y cientos de empleos indirectos que dependen del funcionamiento pleno del circuito productivo.

La discusión de fondo vuelve a quedar expuesta, si la crisis siempre termina descargándose sobre el trabajador, mientras los costos empresariales reciben contención estatal o flexibilización de condiciones, el equilibrio del sistema termina rompiéndose sobre el sector más vulnerable de la cadena productiva.

Y en medio de un escenario económico nacional cada vez más incierto, la tensión entre salarios atrasados, combustible en alza y rentabilidad empresaria amenaza con transformar la próxima temporada pesquera en uno de los conflictos laborales más delicados de los últimos años en la Patagonia.

Ricardo Manuel Cardozo A.G.O.M.U.

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