COLAPSO LOGÍSTICO EN QUEQUÉN: CAMIONEROS PARAN ANTE COSTOS IMPAGABLES Y UN SISTEMA QUE LOS EMPUJA A TRABAJAR A PÉRDIDA
El conflicto del transporte de cargas escaló en Quequén con protestas en rutas clave, paralización de la actividad y denuncias por tarifas atrasadas frente a un brutal aumento del combustible. En un puerto que recibe entre 6.000 y 7.000 camiones diarios, la crisis ya impacta de lleno en la logística y las exportaciones.
La crisis del transporte impacta en Quequén, donde miles de camiones diarios sostienen una logística cada vez más comprometida.
El conflicto del transporte de cargas volvió a encenderse con fuerza en la zona de Necochea y Quequén, donde camioneros autoconvocados mantienen protestas en puntos estratégicos como la rotonda de las rutas 86, 227 y 88, en reclamo por una actualización urgente de tarifas frente al sostenido aumento de costos.
La medida, que comenzó el 6 de abril, ya genera un impacto directo en la operatoria portuaria, afectando el ingreso de camiones y ralentizando la logística en plena cosecha gruesa, uno de los momentos más sensibles para la exportación agroindustrial.
El eje del reclamo es claro: los transportistas denuncian que las tarifas actuales han quedado completamente desfasadas frente al incremento del gasoil, neumáticos, repuestos y costos de mantenimiento. Solo en marzo, el combustible registró subas significativas, profundizando un escenario que, según el sector, los obliga a trabajar a pérdida.
A esto se suma un sistema de pagos diferidos —con plazos de hasta 60 días— que termina desfinanciando completamente a los trabajadores, obligándolos a endeudarse o vender cheques para sostener la actividad.

Pero el problema no es menor ni aislado. En el puerto de Quequén circulan diariamente entre 6.000 y 7.000 camiones, lo que dimensiona el impacto estructural de esta crisis, no se trata solo de un reclamo sectorial, sino de una falla en toda la cadena logística que sostiene las exportaciones.
La protesta, replicada en distintos puntos del país, expone además la falta de respuestas concretas por parte de los actores que fijan tarifas y organizan la actividad. Mientras tanto, los transportistas advierten que la situación es incluso peor que en 2020 y que, sin una recomposición real, la actividad se vuelve directamente inviable.
En este contexto, el conflicto deja al descubierto una tensión de fondo: un sistema productivo que depende críticamente del transporte terrestre, pero que no garantiza condiciones mínimas de rentabilidad para quienes lo sostienen.
Sin acuerdo y con el paro extendiéndose, el escenario sigue abierto, pero con una advertencia cada vez más clara desde las rutas: sin tarifa justa, no hay transporte posible.
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