Cuando la desinformación pesa más que el pescado: el ataque mediático que busca precarizar a los estibadores
🔴 Mientras el Estado despliega controles improvisados y exige tareas sin remuneración ni condiciones dignas, ciertos opinadores de escritorio construyen relatos que estigmatizan a los trabajadores portuarios y banalizan un oficio riesgoso y esencial. Desde SUPA–Chubut se señala la gravedad de esta narrativa funcional a la precarización y se reafirma que el pesaje no es un privilegio ni un “curro”: es trabajo registrado, legítimo y digno.
Control estatal, precarización y relato mediático…
A raíz de la actividad de control y fiscalización desprolija y desarticulada desplegada por Nación en esta zafra provincial, se desencadenaron conflictos en el puerto de Rawson.
Ante ese escenario, algunos periodistas audaces —y profundamente desconocedores de la realidad de la estiba portuaria— dieron rienda suelta a la imaginación y pergeñaron toda una trama narrativa que apunta, principalmente, a estigmatizar a los trabajadores portuarios, asociándonos al “curro” y a la violencia.
Quizás el lapsus sea más autorreferencial que descriptivo de la realidad. Porque, sabido es, desde suntuosos escritorios se cometen muchas de las mayores injusticias.Para poner en contexto: todos los actores que provocan la actuación estatal de control informaron —invocando sus razones— a los organismos públicos y a la entidad sindical que no abonarían un doble control.
A raíz de ello, los fiscalizadores pretendían básicamente que los estibadores realizaran una actividad inherente al control estatal, la tarea de pesaje, propia de los estibadores por tratarse de manipuleo de cargas, pero sin garantizar el derecho a percibir remuneración alguna por tal servicio, ni trabajo registrado ni cobertura frente a las contingencias laborales.En tal orden, cabe recordar que eso que aquellos periodistas bautizan despectivamente como “el negocio del pesaje” para nosotros es trabajo digno. Trabajo que los invitamos a presenciar cuando quieran o, mejor aún, a realizar con su propio cuerpo, para que puedan ver y sentir de primera mano de qué se trata.
Es bastante más que “emprolijar y pesar un cajón cada tanto”: es subir y bajar cajones durante horas, a la intemperie, con frío, viento y riesgo real. Es una actividad que la mayoría de estos opinadores de escritorio no soportaría más de quince minutos, pero que, evidentemente, sí les resulta fácil desde sus oficinas establecer y divulgar una falsa correlación entre la fuerza física de los estibadores y la violencia, como si la organización obrera portuaria fuera, por definición, sospechosa.
Estos periodistas no tienen ni el conocimiento fáctico ni técnico, ni la autoridad moral para cuestionar el valor del servicio repitiendo que “es demasiado dinero para lo que supone la tarea”. Siguiendo esa misma lógica liviana, cualquiera podría suponer que alguien les paga demasiado el “curro” de tirar un par de líneas desde la comodidad de sus oficinas para estigmatizar a los trabajadores portuarios. Vaya entonces también nuestra “admiración” para quien inventó esa noble forma de ganarse la vida, desde un escritorio, estigmatizando y subestimando a otros trabajadores, sin poner el cuerpo y sin medir ni padecer jamás las consecuencias de sus cizañeras palabras. ¿Acaso imaginan estos “librepensadores” de escritorio qué harían si se les encomendara un trabajo sin garantizárseles retribución ni condiciones dignas, tal como se nos pretende imponer a los estibadores? Solo después de ponerse en el lugar del otro podrían osar pronunciar una opinión válida sobre los trabajadores portuarios expuestos a esa situación.
Más aún, es tan grosera la desinformación que pretenden instalar que omitieron —o bien desconocen— que las embarcaciones están volviendo con apenas algo más de la mitad de su capacidad de bodega. Sería interesante, al menos, que otorgaran cierto estatuto de seriedad a su propia profesión indagando sobre las causas de esta circunstancia, antes de improvisar y multiplicar diagnósticos de coyuntura sesgados y tendientes a poner la lupa y la culpa sobre los trabajadores portuarios.

Así, llama la atención que no escriban frondosas editoriales tendientes a indagar por qué las embarcaciones están volviendo con apenas poco más de la mitad de su capacidad de bodega cuando desde diversos sectores de la actividad se pronuncian abiertamente sobre la gravedad y consecuencias del incremento del esfuerzo pesquero que tendría como corolario ineludible esta merma en la cantidad y calidad de las capturas.
Es decir, mientras se fuerza el caladero, quienes deberían cumplir una función social brindando información fidedigna eligen hacerse los distraídos y fingir demencia, prefiriendo volcar su vieja y conocida aversión a los trabajadores en pomposas editoriales, cuyos efectos multiplicadores celebran sin pudor. Además, afirmar con total liviandad que “el problema” es el costo de los pesadores y que el pesaje podría hacerlo cualquier inspector “con un procedimiento simple y visible” es, sencillamente, desconocer por completo la actividad y la normativa vigente sobre manipuleo de cargas en zona portuaria.
Cuesta creer que se trate de ignorancia inocente. Lo que vuelcan en esas pretendidas “editoriales” no es más que un discurso funcional a quienes quieren abaratar costos precarizando a los trabajadores, al mismo tiempo que mantener y reforzar el imaginario negativo que lamentablemente recae sobre el trabajador portuario y que ellos mismos se encargan de amplificar.
Más grave aún es considerar nuestro trabajo un privilegio obtenido espuriamente y/o en connivencia con el empresariado, hablar de cifras sin haber pisado nunca un muelle, sin saber qué implica una descarga, qué riesgos se asumen, y sin considerar cuántas familias viven de ese trabajo. Estos opinólogos de escritorio describen como parte de un “modus operandi”, como “la regla”, la existencia de algunos que otros cajones excedidos en kilogramos, cuando en realidad es una contingencia inherente a la actividad que obedece en general a diversas causas de la operatividad in situ, lo que constituye excepciones y por las que deben responder los armadores en caso de control de las autoridades públicas, de ninguna manera obedece a un supuesto “curro” de los trabajadores como pretenden instalar algunos periodistas a través de diversos portales online.
Reiteramos, el mayor capital de los trabajadores portuarios es nuestra fuerza, por lo que no solemos valernos de las herramientas intelectuales persuasivas que algunos ilustrados sí poseen y utilizan para opinar con malicia, elucubrar e incluso para concretar actos reprochables como los que se nos endilgan a los estibadores portuarios.Por lo dicho, cuando se opina sin datos y sin contacto con la realidad, no se informa: se falta a la verdad y se construye una narrativa que alimenta un triste sentido común que mantiene bajo sospecha permanente a quienes todos los días sostienen con su cuerpo y su dignidad la operatoria portuaria.
Desde el SUPA–Chubut seguiremos defendiendo y exigiendo que todo control o fiscalización estatal sea serio, garantice el trabajo registrado, asegure que toda tarea sea remunerada y desarrollada en condiciones dignas, y se inscriba en el marco del respeto irrestricto por los acuerdos paritarios alcanzados y por todos aquellos que, con su esfuerzo, sostienen los puertos día a día. El pesaje no es un curro, es trabajo portuario.
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