A.G.O.M.U. – ¿Pescado Gratis? Se entregó 50 toneladas de filete de merluza en Santa Cruz
“Mientras el Gobierno de Santa Cruz se enorgullece de repartir pescado, miles de trabajadores son explotados, ninguneados y expuestos a condiciones indignas. Nada es gratis: detrás de cada filete hay esfuerzo, precarización y abandono.”
“Con el Sudor del Puerto, Se Hace Campaña”
Estimada Diputada Provincial Sra. Agostina Mora,
En respuesta a su publicación en la red social X, donde expresó:
“Santa Cruz: un gobierno que se enorgullece por tener filas eternas para retirar merluza. Lo cubre con todo el aparato de comunicación pública. Políticas públicas sin aparecer. Fondos públicos sin ejecutar. Sin pedir ATN a Nación. El resultado: la pobreza en niveles históricos”,
me permito hacerle algunas aclaraciones que usted evidentemente desconoce o elige omitir.
Lo que usted califica livianamente como un acto de propaganda populista implica, en términos productivos, que el gobierno entregó 50 toneladas de filete de merluza, lo que equivale a 111,11 toneladas de merluza entera procesada. Esto significa que 3.175 cajones de 35 kg fueron descargados de los barcos por estibadores, trasladados y descargados nuevamente por personal de planta.
Ese pescado es lavado, desescamado y rehielado, para luego ser fileteado por trabajadores Fileteros en 4 turnos de 9 horas, con 90 Fileteros por turno, procesando aproximadamente 800 cajones por turno.
Le hablo solo del trabajo humano, sin contar gastos como combustible, lubricantes, seguros, balsas, inspecciones, hielo, permisos de extracción, artes de pesca, mantenimiento naval, guinche y demás costos que implica sacar un barco a pescar.
Lo que usted llama “fila” y “comunicación oficial” es, en realidad, el resultado del trabajo y el esfuerzo de miles de trabajadores. Nada es gratis. Mientras tanto, este gobierno expone a los marineros a riesgos permanentes por la falta de control en las condiciones de las embarcaciones, explota a los estibadores pagándoles por un solo turno cuando realizan tareas completas, y les paga un jornal 60% menor al de otros puertos.
Un Filetero, hoy, gana $300 por kilogramo de filete, trabajando en condiciones que muchos otros trabajadores no aceptarían. Desde que se inició la temporada, el 4 de enero, los estibadores solo recibieron 90 pares de guantes para descargar casi 70 barcos en el puerto de Caleta Paula.
Nada es gratis, señora Mora. La “beneficencia” con el lomo ajeno es muy grata cuando no se pone el lomo. Este gobierno sigue con políticas rancias: en lugar de enseñar a pescar, entrega el pescado en la puerta de la casa. Así no se construye dignidad ni progreso.
Hoy, en Santa Cruz, llovió en toda la provincia. Sin embargo, el gobierno hizo convenios con pescaderías para que el kilo de filete no supere los $4.000. ¿De qué sirve eso si los vecinos hacen horas de fila bajo la lluvia para retirar pescado, cuando podrían comprarlo directo en la pescadería al mismo precio, evitando enfermarse y tener que gastar en medicamentos que, por cierto, valen más que dos kg de pescado?

Lo que usted celebra como un logro social es, en realidad, una muestra más de la decadencia planificada del trabajo digno. Avísele al gobernador que tiene el deceso de un trabajador portuario sobre su escritorio, víctima de este sistema. Eso también es pobreza, pero de la que no se habla.
Cuando mencione la palabra “pobreza”, le pido que sea más ilustrativa. Santa Cruz tiene 335.677 habitantes, 15 municipios, 5 comisiones de fomento, 76 concejales, 10 diputados provinciales, 14 diputados por municipio, además de asesores y asesores de los asesores. Una burocracia interminable.
Comparemos con Comodoro Rivadavia, con 205.504 habitantes, un solo intendente y 12 concejales, gestionando una economía fuerte gracias al petróleo, la pesca y el offshore. La zona norte de Santa Cruz Los Antiguos, Perito Moreno, Las Heras, Pico Truncado y Caleta Olivia compra en Comodoro porque los precios de alimentos, materiales de construcción y herrería son entre 35% y 45% más bajos, y la logística es más eficiente, sin costos agregados.
Santa Cruz está empobrecida no por falta de recursos, sino por la superpoblación de zánganos estatales. Municipios inflados con ñoquis, funcionarios que cobran hasta $5 millones, mientras un empleado estatal no supera los $800.000, y los municipales con categoría más alta no llegan ni cerca.
Dígame, señora Mora: ¿de qué pobreza me habla, cuando el pueblo debería estar en mejores condiciones, y no mendigando pescado bajo la lluvia? Nada es gratis. El trabajador de la pesca es el que pone el cuerpo. Los políticos solo reparten lo que no produjeron.

Y no nos vengan a decir que fue la empresa estatal la que proveyó el pescado: el buque Pesquero Liliana, al que se le hicieron reparaciones exhaustivas hace cuatro días, está amarrado porque se le cocinó el motor. Lo están arreglando bajo una carpa, para apurar la salida y no denunciar falsamente reparaciones mecánicas a Prefectura Naval Argentina porque esto implicaría meses de trabajo y después un largo periodo en las inspecciones. Total, los que van a bordo no son políticos del gobierno: son Números.

BUQUE AMARRADO CON LOS INACTIVOS
La empresa estatal Santa Cruz Puede S.A.U. (Sociedad Anónima Unificada) ha iniciado sus actividades evidenciando serias irregularidades, repitiendo prácticas históricamente cuestionadas en el ámbito de la Flota Amarilla. Desde la inauguración del Puerto Caleta Paula, este sector ha carecido de un Convenio Colectivo de Trabajo, a pesar de múltiples reclamos que nunca fueron debidamente atendidos. La reciente conformación de esta empresa estatal no ha dado señales de reconocer las condiciones estructurales de precarización que afectan a los trabajadores del sector, como la explotación persistente en la flota, la situación crítica de los estibadores en la Banquina Chica, ni las falencias en los controles de seguridad sobre las embarcaciones.
Asimismo, no se han verificado inversiones destinadas a mejorar las condiciones operativas, lo que perpetúa la falta de transparencia en el pesaje en muelle y contribuye al progresivo deterioro del sector pesquero. En lugar de posicionarse como un instrumento de transformación, la empresa parece haberse alineado con las prácticas irregulares del sistema que pretende renovar.
Cabe señalar que la empresa inició su funcionamiento con un discurso basado en la asistencia social, pero hasta el momento no se han clarificado los beneficios ni las condiciones laborales para los trabajadores embarcados. Tampoco se ha firmado acuerdo alguno con el sindicato S.O.M.U., organización que, históricamente, ha estado ausente en la defensa efectiva de los derechos de los marineros de esta flota.
Desde los inicios de la actividad pesquera de la Flota Amarilla, nunca se ha constituido una cámara empresarial representativa que permita la celebración de un convenio colectivo favorable para los trabajadores del sector. En su lugar, se han implementado mecanismos informales como actas de compromiso o pagos arbitrarios, que en la mayoría de los casos han resultado profundamente insuficientes para los trabajadores. Gran parte de los ingresos se perciben fuera de los canales formales, lo que impacta negativamente en los aportes previsionales y, en consecuencia, en las jubilaciones. Esta situación ha derivado en que los pocos marineros que han podido acceder a una jubilación perciban haberes mínimos, como resultado de la falta de control sindical y la desatención prolongada del Estado.
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