🦐Langostino al borde del colapso: cuando la codicia empresarial rompe el caladero y silencia a los trabajadores.
El SUPA CHUBUT advierte que el langostino patagónico atraviesa una crisis que nadie quiere reconocer: menor biomasa, tallas reducidas y embarcaciones pescando al límite —o dentro— de zonas de veda para cumplir compromisos comerciales. Mientras el empresariado declara crisis cuando necesita ajustar salarios pero incorpora barcos sin parar, el caladero muestra señales de agotamiento que podrían cortar la temporada de forma abrupta. En los muelles, lo que se murmura ya es evidencia: la presión de pesca está llevando al recurso contra la pared y poniendo en riesgo miles de empleos.
SUPA CHUBUT “El caladero en rojo: ganancias aseguradas y el futuro en riesgo” Hay una preocupación abierta entre quienes vivimos de la pesca.
Algo serio está ocurriendo en el caladero del langostino salvaje patagónico, uno de los principales recursos naturales de nuestro mar y base de una industria exportadora que se muestra al mundo como “modelo”. Casi como un secreto a voces preocupa a todos los trabajadores vinculados a la actividad pesquera la situación o mas bien el estado del caladero que contiene nuestros recursos naturales.
En esta zafra, las embarcaciones vuelven con apenas poco más de la mitad de su capacidad de bodega, aun cuando algunos están pescando incluso al límite o bien dentro de zona de veda en algún que otro caso. Cabe preguntar entonces al INIDEP, a los Observadores a Bordo y a la Secretaria de Pesca de la Provincia del Chubut qué está ocurriendo con la biomasa y la estructura de tallas del langostino, y qué medidas de manejo se están evaluando para evitar que la presión de pesca termine de quebrar un recurso que ya muestra señales de estrés, que brinden información sobre estas circunstancias, que expliquen a que obedecen y qué medidas se van adoptar para que el langostino emigre del caladero a zona de pesca en condiciones ideales o al menos casi ideales.

No se trata de una percepción aislada, es la realidad que ven las tripulaciones y que estamos advirtiendo los trabajadores de la estiba al realizar las descargas del recurso marino. Vox populi, en las andanas de los muelles se comenta que los compromisos comerciales de los empresarios exigen pescar sin parar hasta completar las toneladas ya vendidas a como dé lugar, deben cumplir contratos y embarques a fecha cierta, en un contexto de clima adverso, menor abundancia y caída de la calidad comercial.
Sabido es que cuando el negocio se ordena con esa lógica, la sostenibilidad deja de ser un principio de gestión para transformarse en un simple eslogan declamativo. En este escenario, les resulta imposible a los empresarios pensar en la sostenibilidad y sustentabilidad del caladero, poco les importa; y, a los políticos también, puesto que en su gran mayoría son siempre muy empáticos con el empresariado o bien “distraídos” cuando está en juego el bien común.
Resulta particularmente llamativa la paradoja que exhibe hoy el sector empresario. Los mismos actores que hace apenas unos meses manifestaban públicamente tener sus cámaras colmadas de producto ante la caída de la demanda internacional y la competencia del camarón de cultivo vannamei –situación que utilizaron como argumento para reclamar “reducción de costos”, rebajas salariales y alivios impositivos, en un contexto de fuerte baja de precios internacionales del langostino argentino– al mismo tiempo continúan incorporando y botando nuevas embarcaciones sin mayor pudor.
Hoy, esas mismas empresas declaran no dar abasto para satisfacer los compromisos comerciales asumidos y, según surge de múltiples testimonios de trabajadores y tripulaciones, estarían operando incluso al límite o dentro de zonas de veda, tensionando aún más un caladero que ya presenta señales objetivas de sobreesfuerzo. Esta conducta evidencia un preocupante doble estándar: se invoca la crisis para socializar pérdidas y exigir sacrificios a trabajadores y al fisco, pero cuando los precios y la demanda repuntan, se maximiza el esfuerzo de pesca aun a costa de la sustentabilidad del recurso.

En paralelo, distintos informes técnicos y publicaciones especializadas que citan al INIDEP describen para las últimas temporadas una disminución interanual significativa de la biomasa de langostino y, sobre todo, de los ejemplares adultos de mayor tamaño, que son los que sostienen tanto la reproducción como el negocio exportador. Es decir, el semáforo biológico está cambiando de color mientras desde algunos escritorios solo se mira el tablero de los embarques y los precios internacionales.
Cabe subrayar además algo elemental, ni la Ley Federal de Pesca ni la legislación pesquera de la Provincia del Chubut autorizan a administrar el mar como si fuera un depósito inagotable de recursos vivos marinos. Por el contrario, establecen que la explotación de los recursos vivos debe ser racional, responsable y basada en la mejor información científica disponible, aplicando el criterio precautorio para evitar sobreexplotación y asegurar la sustentabilidad a largo plazo. Porque el derecho a pescar lleva ínsita la obligación correlativa de cuidar el recurso; no es una concesión lisa y llana para liquidar hoy lo que también es el sustento de mañana.
Sin embargo, quienes arriesgan el cuerpo en cubierta y en los muelles, quienes ven día a día cómo cambia el lance, el tamaño del langostino, la duración de las mareas y quien ven la cantidad y calidad de las descargas, no tienen voz en las mesas donde se toman las decisiones sobre el recurso ni en las negociaciones de venta. Y son, paradójicamente, los primeros en ser perjudicados al quedarse sin trabajo cuando el caladero se agota o la temporada se “corta de golpe”, mucho antes de lo previsto.

A aquel silencio contribuye el miedo, miedo a las represalias del gobierno, miedo a perder el trabajo, miedo al peso y trascendencia de editoriales cuidadosamente alineadas con el poder económico y político, en general solventadas por estos para la construcción de narrativas estigmatizante de trabajadores y dirigencias sindicales, y siempre tendientes a acallar voces que osen cuestionar el modelo depredativo. Esas narrativas se reproducen velozmente en portales, radios y diarios, mientras las voces de quienes sostienen la actividad con su esfuerzo cotidiano son invisibilizadas impidiendo así que los trabajadores alcen su voz contra las prácticas que están poniendo en riesgo real las fuentes de trabajo.
Desde el SUPA no aceptamos ese silenciamiento tácito. Y como nuestra obligación es defender la fuente de trabajo de la estiba, es que ponemos en palabras lo que se comenta a media voz en los puertos, esto es, que la urgencia por cumplir compromisos comerciales y sostener niveles de rentabilidad está forzando el caladero más allá de lo razonable y comprometiendo, en forma directa, la continuidad de la temporada y el empleo de los trabajadores de la actividad pesquera.
Los “perros viejos” del muelle leen las señales sin necesidad de informes científicos ni gráficos y saben que, si se insiste en esta lógica de “pescar a cualquier costo”, es altamente probable que la temporada se termine abruptamente mucho antes de lo que la sociedad espera. Y cuando se levanta la flota por falta de recurso, no son las ganancias empresariales lo que primero se resiente, son los salarios, los turnos de estiba, las changas, las economías familiares de miles de trabajadores y trabajadoras y las economías locales que dependen de que el langostino siga estando.
Por todo ello, desde el SUPA instamos en el día de la fecha a la Secretaría de Pesca a tomar cartas en el asunto. El langostino salvaje patagónico no es un número en una hoja de cálculo; es un bien común, un recurso estratégico y la base de miles de puestos de trabajo en tierra y a bordo. Si el caladero se termina de quebrar, no habrá relato que alcance para explicar por qué, ante las primeras señales, eligieron mirar para otro lado. Así, es nuestro deber advertir, a tiempo, que no se puede seguir empujando al recurso contra la pared sin poner en riesgo el presente y el futuro de toda la comunidad pesquera.
Exigimos que se adopten medidas urgentes, incluso considerándose suspender la actividad por un plazo prudente, hasta que la especie objetivo pueda ascender y/o ascienda a zona de pesca, y que se sancione debida y ejemplarmente a quienes sabemos pescan en zona de veda y que se prohíba la pesca al límite de la zona de veda.
SUPA CHUBUT
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