Pesca, poder y traición: cuando la historia se repite y la miseria la paga el marinero

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La soberbia empresarial y la complicidad política rompieron el equilibrio que sostenía al modelo pesquero argentino. Hoy, mientras la patronal se fragmenta, los gobiernos retroceden y los gremios se dividen, el marinero sigue pagando la cuenta. Pero en esa crisis también asoma una oportunidad: reconstruir la dignidad desde la unidad y la lucha real de los trabajadores.

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Por Ricardo Manuel Cardozo AGOMU – Santa Cruz

¿Se dan cuenta, compañeros? Cuando algunos se molestan porque criticamos duramente a este gobierno provincial, es porque en el fondo saben que estos mismos actores son responsables directos del saqueo y la corrupción que atraviesan la industria pesquera santacruceña.

No vamos a descansar. Desde el inicio denunciamos la ausencia total del gobernador Claudio Vidal en el conflicto pesquero, y cuando finalmente apareció, lo hizo acompañado del diputado nacional José Luis Garrido, otro emisario sin conocimiento ni compromiso con la pesca, portando bajo el brazo un proyecto de “ley anti-crisis” que no escribió, y que ni siquiera comprende.

Estos enviados no vienen a solucionar nada: responden a la cúpula empresarial que decide, como en tiempos coloniales, quién trabaja y quién no en nuestras costas. Hace más de cuatro años que acompañamos el reclamo histórico de los estibadores de Caleta Paula y Puerto San Julián, que siguen cobrando un 60% menos que sus pares en Chubut. Pensamos que estos nuevos gobiernos iban a cambiar la historia, pero la realidad es que tomaron la posta de la corrupción y la profundizaron.

El próximo 30 de julio de 2025 se cumple un año de la trágica muerte del compañero Diógenes Gutiérrez, producto de la inseguridad portuaria. Tuvieron que pasar casi ocho meses de reclamos para que se entregue una sola muda de ropa de trabajo. Y aún se debe la segunda correspondiente al 2024. ¿Y quiénes gobiernan ahora? Exdirigentes sindicales convertidos en administradores del ajuste, aliados con los empresarios más corruptos del sector.

Los mismos personajes que hoy manejan la Secretaría de Pesca como si fuera una empresa propia, deciden en la sombra políticas públicas, precios, jornales y destinos laborales, sin levantar la voz ni una sola vez en defensa de quienes los votaron: marineros, estibadores, sus familias y el pueblo trabajador. La política en Santa Cruz y en Nación sigue cooptada por intereses privados, mientras la dignidad del marinero se negocia como una mercancía más.

El empresario Álvarez Castellano es el símbolo de esta estructura: dueño de puertos, plantas, barcos y ahora de voluntades políticas y gremiales. Decide quién puede trabajar, cuándo y a qué precio. Así están las cosas. El sistema se sostiene por la obediencia de gremialistas, funcionarios y legisladores que solo revisan sus cuentas en Suiza, Mónaco, Luxemburgo o Singapur, mientras nuestros compañeros siguen cayendo en muelles sin barandas ni seguros.

La historia se repite porque nos quieren divididos. Porque permitimos que se degrade la camaradería. Porque algunos, por hacer unos viajes más, pensaron que eran socios de las empresas, olvidando que la dignidad no se terceriza.

Lo que ocurre hoy en el frente patronal no es casual. Es la consecuencia de años de abusos, acumulación de poder sin control, y soberbia empresarial. Pero lo más llamativo es que ese modelo empieza a crujir desde adentro.

La reciente fractura entre las cámaras empresarias, la falta de respaldo del poder político y las fisuras internas en los gremios reflejan la cesación de un modelo patronal corporativo que se fragmenta ante la incapacidad de imponer condiciones unilaterales al trabajo.

El conflicto langostinero ya no es solo una disputa por salarios o fechas de zafra. Se ha transformado en una lucha de poder entre empresarios y gremios, entre provincias, entre puertos, entre flotas, y hasta dentro de cada cámara.

El poder, antes concentrado en pocas manos, se ha descentralizado:

  • Los empresarios ya no controlan completamente al gobierno.
  • El gobierno ya no disciplina a las patronales.
  • Y los gremios ya no actúan con cohesión, sino por conveniencia.

Ese desequilibrio estructural abre un escenario de alianzas inestables, traiciones y posibles reordenamientos duraderos. El modelo de Castellano, que concentró todo el poder durante años, ahora genera internas visibles. Incluso dentro del mismo sector empresarial ya no hay estrategia común. Algunos apuestan al diálogo; otros a romper reglas; otros simplemente ya no creen en nadie.

Lo dijimos y lo seguimos repitiendo: el conflicto no tiene salida sin coraje, sin organización real desde abajo, sin memoria de lucha y sin unidad entre trabajadores.

La desesperación de la cúpula política y empresarial es clara. Ahora hablan de vender plantas, barcos y permisos como si fueran paquetes turísticos, sin pudor. Pero también saben que ya no hay margen para improvisar sin pagar costos políticos.

Este es el momento en el que la división de los poderosos puede transformarse en oportunidad para los trabajadores. Si lo entendemos, si no permitimos que nos compren con promesas ni nos dividan con amenazas, podremos empezar a reconstruir otra historia.

Una historia sin privilegios ni patrones disfrazados de funcionarios.
Una historia con muelles seguros, sueldos dignos y convenios respetados.
Una historia donde la pesca sea sinónimo de trabajo, no de sometimiento.

Desde AGOMU y Marineros Unidos Santa Cruz no vamos a retroceder. Vamos a seguir visibilizando, denunciando e instaurando la realidad de la pesca. Porque lo que está en juego no es una zafra: es la dignidad de todos los que viven del mar.

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