La fábula del “Empresario Modelo”: Luis El Gringo Jones, la planta Barillari S.A. y un Estado que mira para otro lado
Construyó su riqueza desde una planta mal expropiada, con recursos públicos y salarios de pobreza, mientras el Estado mira hacia otro lado. La historia oculta detrás del empresario que se apropia del mérito ajeno y del esfuerzo de los trabajadores.
Luis Jones, Claudio Vidal y el Negocio del Estado Ajeno
En Santa Cruz, la historia se repite con la misma obscenidad, empresarios que se autoproclaman salvadores de la economía provincial mientras usufructúan bienes ajenos, pagan salarios de miseria y construyen su riqueza sobre territorios que nunca les pertenecieron.
El caso de Luis Jones, alias “El Gringo” es el ejemplo más grotesco del modelo pesquero que hundió a la provincia, y que sigue hundiéndola, con la complicidad activa del Estado.
Una planta que no es suya, la expropiación irregular que hoy le explota a la provincia
La planta Barillari S.A. fue expropiada en 2009 por el Gobierno de Santa Cruz de manera tan torpe y cuestionada que hoy se encuentra en juicio, Barillari S.A. c/ Estado Provincial. En 2023 ya hubo un primer fallo favorable a la empresa, y todo indica que el segundo llegará pronto.
Traducción: la provincia deberá pagar millones por una planta que entregó a terceros para que hagan negocios privados.
En ese edificio ajeno y judicializado se instaló Luis Jones, que hoy habla de “Mi planta” y “Mis empleados”, pese a que legalmente no le pertenece nada.
El empresario construyó su fortuna dentro de un predio que, según el expediente judicial, fue mal expropiado y podría volver a su dueño original, mientras será el contribuyente quien deberá asumir el costo del desmanejo político.
De comerciante menor a “Gran Empresario”: el salto gracias al Estado
Cuando Jones desembarcó en 2009, no venía del mundo de las inversiones productivas sino de negocios menores, comprando pescado a la flota amarilla de Caleta Paula para revenderlo a Conarpesa.
Para operar, usufructuó el B/P Liliana, barco propiedad del Estado. Lo devolvió a comienzos de 2024 “en hilachas”, con un nivel de deterioro tal que el Estado debió afrontar su reparación.
Así construyó su “imperio”, con recursos ajenos, en instalaciones ajenas y bajo la vista gorda del poder político.
Las cooperativas, los verdaderos motores que Jones ahora despreciaLa planta ya funcionaba, y bien, con las cooperativas 20 de Noviembre y El Dorado, que fueron quienes le dieron trabajo y estructura a Jones en sus primeros años.
Pero hoy el empresario los ningunea, los acusa, los responsabiliza y hasta les “cuenta las costillas” públicamente, como si el esfuerzo colectivo hubiera sido obra exclusiva de su bolsillo.
Todos los empleados de la planta ex Barillari S.A no solamente trabajan en la planta de “Jones” hacen turno de changas de Conarpesa, Patagonia Fhish, la planta de Terense, menos en la planta de Dalecio porque Jones tiene Prohibido que trabajen para el, todos esos extras laborales son para tener con esfuerzo lo que tienen.
En 2024, cuando las cooperativas pidieron un aumento del 30%, Jones dijo NO. En octubre del mismo año, abandonó la planta con un discurso fúnebre grabado, argumentando que la crisis internacional no le permitía continuar.
Nadie imaginó que ese “adiós” era apenas una pausa estratégica.
Febrero 2025, regreso triunfal con chinos, abucheos y vergüenza
A mediados de febrero de 2025, Jones regresó a la planta expropiada acompañado del gobernador Claudio Vidal, su socio y un contingente de empresarios chinos, en lo que pretendieron convertir en una entrada épica.
Pero los trabajadores, cansados de destrato y manipulación, los abuchearon sin piedad, obligando a ambos a atravesar un pasillo de vergüenza frente a los invitados extranjeros.
Una postal perfecta del fracaso de la política pesquera de Santa Cruz. Sueldos de miseria y pérdida de derechos, el modelo que Jones oculta
Durante su ausencia y posterior regreso, los trabajadores recibieron solo un 7% de aumento, insuficiente incluso para pagar el monotributo.
Entre el Gobierno y Jones disolvieron las cooperativas, obligando a los trabajadores a aceptar una modalidad propuesta por el Estado que implicó perder:
● derechos sociales,
● derechos como socios.
● maquinaria pagada por los propios cooperativistas,
● y hasta la propiedad colectiva de herramientas adquiridas con descuentos de sus salarios.
Todo eso terminó figurado como compras de Jones, no de las cooperativas. Una maniobra que los trabajadores califican como un vaciamiento encubierto, con el Estado como socio silencioso.
El “no monopolio” que sí es monopolio Jones se queja de que lo acusan de monopolizar la actividad pesquera.
Sin embargo, cuando se retiró en 2024, presionó para que las cooperativas no recibieran materia prima, pese a que tenían cupo otorgado por la provincia.
Incluso montó, junto a funcionarios del gobierno, una emboscada mediática acusando al empresario Franco Massari de traer langostino sin remitos desde Rawson.
Massari, que en ese momento utilizaba el predio de la planta Conarpesa dentro del puerto Caleta Paula, traía langostino de Rawson y enviaba el remanente a la planta Barillari S.A. para que la gente trabajara.
Ironías del sistema, lo que con Massari era denunciado como delito, hoy con Jones lo hacen a plena luz, enviando langostino a la planta de Puerto Deseado sin que nadie del Gobierno objete nada, como también hoy lo hace la empresa Empesur que traen el langostino de Rawson.
La pregunta de fondo, ¿Quién paga la fiesta?
Mientras se victimiza en videos y proclama que sus trabajadores “se compraron autos gracias a él”, la realidad es que los salarios son de pobreza y la planta opera sobre un terreno judicializado que muy pronto deberá ser devuelto.
La provincia deberá afrontar una indemnización millonaria. Jones no pagará un peso, Vidal tampoco. El contribuyente sí.
Éste es el verdadero “modelo pesquero” de Santa Cruz,un empresariado parasitario sostenido por un Estado que prefiere la complicidad al control.
Por: Ricardo Manuel Cardozo
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